Antofagasta ante un nuevo ciclo: Inversión, empleo y el desafío del capital humano
- redesautomining
- 21 ene
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La región concentrará cerca del 30% de la inversión nacional en los próximos años, con la minería y la energía como ejes.

Antofagasta vuelve a posicionarse como el principal polo de inversión del país. Las proyecciones abordadas en el seminario Inversión y Empleo 2026, organizado por El Mercurio de Antofagasta, indican que la región concentrará cerca del 30% de la inversión nacional durante los próximos cinco años, con un monto estimado superior a los US$23 mil millones, focalizado principalmente en minería y energía. El dato confirma el peso estratégico del territorio, pero también instala una pregunta clave que va más allá de las cifras: cómo traducir este volumen de inversión en empleo de calidad y desarrollo sostenible para la región.
El contexto fue analizado por representantes del mundo productivo y empresarial, quienes coincidieron en que el nuevo ciclo no puede evaluarse únicamente desde la magnitud de los proyectos. La transformación tecnológica de la minería y la energía está modificando de manera estructural la relación entre inversión y empleo, desplazando el foco hacia la especialización, la innovación y las competencias avanzadas. En este escenario, no basta con que la inversión exista: importa qué capacidades locales logra activar, cuánta preparación requiere y cuánto valor permanece efectivamente en el territorio.
Desde la perspectiva del capital humano, Rafael Díaz Godoy, especialista senior de selección de SQM Yodo Nutrición Vegetal, advirtió que el mercado laboral regional enfrenta una presión creciente. “Existe una competitividad de mercado. O sea, hay muchas industrias que están peleándose por el talento regional”, señaló, dando cuenta de un fenómeno que ya se observa con claridad: la escasez relativa de perfiles calificados comienza a transformarse en un factor crítico para la ejecución de proyectos y para la continuidad operacional de distintas industrias.

Este escenario obliga a mirar el empleo desde una lógica distinta a la de ciclos anteriores. La disponibilidad de trabajadores ya no se resuelve solo con volumen, sino con pertinencia y especialización. La competencia por talento técnico y profesional se intensifica, y pone en evidencia la necesidad de fortalecer rutas formativas, mecanismos de capacitación continua y estrategias de atracción y retención de capital humano local.
La diversificación productiva fue otro de los ejes destacados durante el encuentro. Orlando Castillo, gerente general de la Corporación de Bienes de Capital (CBC), sostuvo que el crecimiento regional ya no depende exclusivamente de la minería tradicional. “Antofagasta no solamente está concentrando inversión en minería, también hoy se suma una fuerte inversión en energía”, afirmó, subrayando que este nuevo ciclo incorpora dinámicas distintas, con proyectos de gran escala, nuevas tecnologías y una demanda creciente por servicios especializados.
Esa convergencia entre minería y energía redefine el tipo de empleo que se generará en la región. La automatización de procesos, la operación remota, el análisis de datos y los sistemas de control avanzados están modificando los perfiles laborales requeridos. El empleo no desaparece, pero cambia su naturaleza: exige mayor preparación técnica, certificaciones específicas y una capacidad permanente de adaptación a entornos tecnológicos en constante evolución.

Desde la mirada empresarial, Alfredo Nebreda Le Roy, CEO fundador de Automining, puso el acento en una brecha que trasciende a la región y se instala como un desafío país. “Es un desafío país porque en el contexto de hoy día no tenemos a los jóvenes preparados en inteligencia artificial”, advirtió, enfatizando que la discusión sobre inversión no puede separarse de la discusión educativa. A su juicio, sin una actualización profunda de los sistemas de formación técnica y profesional, la región corre el riesgo de no capturar plenamente los beneficios del crecimiento proyectado.
La formación de talento local aparece así como una variable crítica para la sostenibilidad del desarrollo regional. No se trata solo de responder a la demanda de las empresas, sino de construir trayectorias laborales estables que permitan arraigo, movilidad social y continuidad en el tiempo. Cuando el empleo calificado no se forma en el territorio, la región se vuelve dependiente de flujos externos de trabajadores, con impactos directos en vivienda, servicios y cohesión social. Preparar a las personas que viven en Antofagasta para los trabajos del futuro es, en ese sentido, una condición para que la inversión se traduzca en desarrollo y no solo en crecimiento económico.
La presión sobre el capital humano se cruza, además, con desafíos territoriales más amplios. El aumento de la inversión impacta sobre infraestructura, servicios, vivienda y calidad de vida, generando tensiones si el crecimiento no es acompañado por planificación y coordinación público-privada. En ese contexto, la formación de talento local aparece como un factor estratégico no solo para las empresas, sino para la sostenibilidad social del desarrollo regional.

A este escenario se suma un factor que atraviesa silenciosamente el debate: la velocidad del cambio. Los ciclos de inversión actuales se desarrollan en un contexto donde la tecnología avanza más rápido que los sistemas de formación y certificación. Esto obliga a pensar el empleo no como una fotografía estática, sino como una trayectoria en constante actualización. La capacidad de aprender, reentrenarse y adaptarse será tan relevante como la formación inicial, especialmente en regiones donde la minería y la energía concentran gran parte de las oportunidades laborales. Este desafío interpela tanto a las empresas como al sistema educativo y a las políticas públicas.
Más allá de las cifras, el seminario dejó en evidencia que Antofagasta enfrenta una oportunidad decisiva. Convertir su liderazgo en inversión en desarrollo de largo plazo dependerá de su capacidad para articular capital, conocimiento y empleo. El crecimiento ya está en marcha; el desafío es que ese crecimiento construya futuro para la región y para quienes la habitan.




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