La autonomía minera comienza en la red: El 5G que empieza a mover la operación del futuro
Cristian Sánchez, Lead Engineer - LTE & Networking de Automining, explica por qué el desafío no es simplemente instalar nuevas antenas, sino construir redes capaces de acompañar la autonomía y responder a las condiciones reales de una faena.
Cristian Sánchez lleva más de 20 años ligado a las telecomunicaciones. Comenzó en 2005, con 17 años, cuando realizó su práctica en telefonía móvil pública en una industria que todavía trabajaba con tecnologías como TDMA. Desde entonces ha pasado por áreas de transmisión, radio, despliegue, operación, proyectos y redes LTE privadas, hasta especializarse en soluciones aplicadas a minería y avanzar hoy hacia 5G, automatización y sistemas autónomos.

“Me ha tocado acompañar buena parte de la evolución de las redes móviles, desde tecnologías como TDMA hasta lo que hoy estamos viendo con 5G y una minería cada vez más conectada y autónoma”, resume. Ingeniero en Telecomunicaciones y con formación complementaria en Dirección y Administración, actualmente se desempeña como Lead Engineer - LTE & Networking en Automining.
Su trabajo consiste en entender las necesidades de los clientes y transformarlas en soluciones aplicables en terreno.
Para Sánchez, el cambio principal es que la conectividad dejó de ser solo una herramienta de apoyo. “Mientras más autonomía incorporas, más crítica se vuelve la red, porque pasa a ser parte directa de la operación y no solo un soporte tecnológico”. Si un camión autónomo se detiene por una falla de comunicación, el problema puede transformarse rápidamente en una detención operacional con impacto directo en producción.
Por eso, una red minera debe considerar redundancia, disponibilidad, rutas alternativas y convivencia entre tecnologías como fibra, microondas, LTE, 5G y Wi-Fi. El objetivo es evitar puntos únicos de falla y asegurar que los servicios críticos puedan continuar funcionando frente a una contingencia.
Las redes privadas permiten además controlar cómo se distribuyen los recursos. CCTV, IoT, sistemas operacionales o equipos autónomos pueden compartir infraestructura, pero no tienen la misma prioridad. “No es lo mismo una aplicación administrativa que la comunicación de un equipo autónomo que está trabajando en plena operación”, advierte.
Ahí 5G abre nuevas posibilidades. Su mayor capacidad, menor latencia y posibilidad de manejar una gran cantidad de dispositivos permiten responder a una minería donde cámaras, sensores, analítica, vehículos autónomos y sistemas de control intercambian información permanentemente. “Ese es el gran aporte de 5G: no solo conectar más cosas, sino permitir que todas esas soluciones funcionen de manera integrada dentro de una misma operación”, explica.
Las herramientas actuales permiten simular cobertura, capacidad y diferentes escenarios antes del despliegue, aunque la realidad de una mina cambia constantemente. Crecen los rajos, se desplazan equipos y aparecen nuevas restricciones. “Un buen diseño no es solo el que funciona bien en la simulación, sino el que también es flexible y se adapta a lo que realmente pasa en terreno”, plantea Sánchez.
En ese punto aparece una de las capacidades que Automining busca fortalecer: desarrollar soluciones con una mirada integral. “La idea es tener una mirada realmente end to end, desde la infraestructura y la energía, hasta la conectividad y los servicios que van a funcionar sobre esa red”. Esto implica no quedarse únicamente en antenas y cobertura, sino considerar también alimentación eléctrica, infraestructura, mantenimiento, operación y gestión.
Sánchez asegura que 5G no debe implementarse solo por ser la tecnología nueva. “No porque exista 5G significa que haya que ponerlo en todas partes. Hay que entender dónde realmente agrega valor y dónde otras tecnologías siguen resolviendo bien el problema”. Para Automining, esa evaluación técnica, económica y operacional será parte relevante de la propuesta hacia sus clientes.
La minería avanza hacia mayor autonomía y, con ella, más sensores, más precisión, más información y más decisiones en tiempo real exigirán redes capaces de evolucionar junto con la operación. Sánchez lo sintetiza en una frase: “Si la autonomía evoluciona, la red también tiene que evolucionar con ella”.




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