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Cuando la minería se construye con mirada femenina y nuevos estándares de liderazgo

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    redesautomining
  • hace 5 horas
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En terreno, en la gestión y en la cultura organizacional, mujeres de Automining están redefiniendo los estándares de seguridad, liderazgo y trabajo en equipo en la industria minera.


En la minería, pocas cosas son accesorias. Todo se mide en resultados, en seguridad, en cumplimiento y en la capacidad de sostener operaciones complejas en entornos de alta exigencia. Durante años, esa lógica se construyó bajo una cultura predominantemente masculina. Hoy, ese escenario está cambiando. No por una consigna, sino por una transformación concreta: la incorporación de mujeres que no solo participan, sino que elevan el estándar de la industria.


En Automining, ese cambio no se declara, se vive. Se expresa en terreno, en la toma de decisiones y en la forma en que se entiende la seguridad, el liderazgo y el trabajo en equipo. Y es precisamente en ese contexto donde las historias de Jazmín Carvajal y Mariana Forero permiten comprender que la minería del futuro ya no es una promesa: es una realidad en construcción.


Jazmín Carvajal trabaja en la faena Spence, en un entorno donde los riesgos no son teóricos. La interacción con camiones autónomos, equipos de alto tonelaje y procesos críticos exige una vigilancia permanente y una toma de decisiones rigurosa. Su rol, vinculado a la prevención de riesgos, no se limita a supervisar protocolos. Es, en esencia, una gestión activa sobre la vida de las personas.


“Para mí es un propósito de vida. No se trata solo de cumplir una norma o un KPI; se trata de asegurar que cada trabajador regrese sano y salvo a su hogar”, afirma.


Su jornada comienza temprano, en reuniones de coordinación donde se analizan eventos, se proyectan riesgos y se alinean equipos. Luego, el trabajo se traslada a terreno, donde la teoría se enfrenta a la realidad. Verificar condiciones, asesorar en tareas críticas y asegurar el cumplimiento de estándares no es un ejercicio administrativo: es una labor que requiere presencia, criterio y convicción.


En ese escenario, la seguridad deja de ser un requisito para transformarse en un valor intransable. Jazmín lo entiende desde una perspectiva que combina disciplina, planificación y una alta capacidad de observación. Pero también desde una dimensión humana: la de cuidar a otros en un entorno donde el error puede tener consecuencias irreversibles.


Su experiencia refleja uno de los cambios más profundos que vive la minería: la evolución desde una lógica reactiva a una cultura preventiva real, donde anticiparse es más importante que corregir. Y en esa transición, el aporte de profesionales como ella ha sido determinante.

Pero la transformación de la industria no solo se explica desde la técnica. También se construye desde las trayectorias personales, desde las historias de quienes han tenido que abrirse camino en contextos exigentes y, muchas veces, adversos.


Mariana Forero lo sabe bien. Su historia comienza lejos de Chile, en un momento de incertidumbre y búsqueda. Dejar su país, su familia y su entorno no fue solo una decisión profesional, sino un salto al vacío. “Fue una de las decisiones más difíciles, pero también una de las más transformadoras de mi vida”, recuerda.

Sus primeros años en Chile estuvieron marcados por el aprendizaje constante. Nuevas costumbres, nuevos códigos y, muchas veces, la necesidad de demostrar su capacidad en un entorno donde no siempre fue fácil integrarse. La minería apareció en ese proceso como una oportunidad inesperada, pero también como un desafío mayor.


“Recuerdo mi primera vez en faena como una mezcla de impacto y fascinación. Es un entorno imponente, exigente, pero también un espacio donde puedes desarrollarte si tienes la disciplina y la convicción”, señala.


Hoy, su trabajo en Minera Escondida representa mucho más que un logro profesional. Es la consolidación de un proceso de adaptación, esfuerzo y crecimiento. Su rol, enfocado en la coordinación y el cumplimiento de estándares, la posiciona como un punto de conexión dentro de la operación: un puente entre equipos, procesos y objetivos.


Ser mujer en minería ya implica desafíos. Ser mujer migrante, aún más. Mariana enfrentó prejuicios, dudas y la constante necesidad de validar su espacio. Sin embargo, lejos de detenerla, esas experiencias fortalecieron su carácter y su forma de enfrentar el trabajo.


“Las dificultades me hicieron más resiliente. Hoy sé que soy capaz de adaptarme, de liderar y de asumir desafíos que antes parecían imposibles”, afirma.

Su historia aporta una dimensión distinta a la transformación de la minería. No solo habla de inclusión, sino de diversidad real. De la capacidad de integrar miradas, experiencias y culturas distintas en un mismo objetivo: hacer bien el trabajo y hacerlo de manera segura.


Ambas trayectorias —la de Jazmín y la de Mariana— convergen en un punto común: el valor del trabajo en equipo. En una industria donde la coordinación es crítica, donde cada error puede escalar rápidamente, la confianza y la colaboración no son opcionales.


En Automining, ese principio se ha consolidado como parte de su identidad. La incorporación de mujeres no responde a una cuota, sino a una convicción: la de construir equipos más completos, más rigurosos y más conscientes de su impacto.


El aporte femenino ha introducido nuevas formas de liderazgo, más colaborativas, más comunicativas y con una fuerte orientación a la prevención. No se trata de reemplazar una cultura por otra, sino de evolucionar hacia un modelo más equilibrado, donde la exigencia técnica convive con una mirada más integral sobre las personas.


Este cambio también se refleja en la forma en que se entiende el desarrollo profesional. Tanto Jazmín como Mariana coinciden en un punto: la minería exige preparación, disciplina y aprendizaje constante. No hay atajos. Pero sí oportunidades para quienes están dispuestos a asumir el desafío.


“Que confíen en sus capacidades. La minería necesita de nuestra visión y liderazgo”, plantea Jazmín.


“Es un camino difícil, pero posible. Si uno trabaja, se prepara y cree en sí mismo, puede lograrlo”, agrega Mariana.


En el mes de la mujer, estas historias invitan a mirar más allá de los discursos. A entender que la transformación de la minería no se mide en cifras de participación, sino en el impacto real que las personas generan en su entorno.


Hoy, en faena, en la gestión y en la cultura organizacional, hay mujeres que no están pidiendo espacio. Lo están ocupando. Con conocimiento, con disciplina y con una convicción clara: que la minería del futuro se construye con altos estándares, pero también con nuevas miradas.


Y en ese proceso, Automining no solo es testigo de ese cambio. Es parte activa de él, porque al final, más que una tendencia, lo que estamos viendo es una redefinición profunda de la industria: una minería donde el talento, el compromiso y la excelencia no tienen género, pero sí tienen un impacto concreto en la forma en que se construye el futuro.

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